Debido a las posibles interacciones, los suplementos alimenticios no deben ser tomados con medicamentos sin consultar previamente a un profesional médico.
Las necesidades de ácido fólico pueden aumentar en los pacientes a los que se administra metotrexato, trimetroprim, antiepilépticos, estrógenos, sulfamidas, corticosteroides (en uso prolongado) y alcohol. La asociación de ácido fólico con antiepilépticos del grupo de las hidantoínas, puede disminuir los efectos de estos últimos. La Vitamina D se debe administrar con precaución en pacientes tratados con glucósidos digitálicos, ya que puede potenciar los efectos de los digitálicos, originando arritmias cardíacas. Los antiácidos que contienen magnesio, prescriptos en forma simultánea con la vitamina D, pueden dar lugar a hipermagnesemia. La fenitoína y el fenobarbital disminuyen sus efectos, con el uso de la vitamina D3. La terapia anticonvulsivante de largo plazo, y el tratamiento prolongado con corticoesteroides, puede interferir con la acción de la vitamina D, por lo que pueden recomendarse suplementos de vitamina D. El zinc puede disminuir la eficacia de algunos antibióticos, por lo que se recomienda administrarlos por lo menos 2 hs antes o 4 a 6 hs después de tomar suplementos que contengan zinc. La amilorida podría aumentar mucho la cantidad de zinc en el cuerpo. El uso de yoduro potásico junto con diuréticos ahorradores de potasio produce una reducción de la excreción renal de potasio, que puede dar lugar a una hiperpotasemia grave, en pacientes con una función renal disminuida. El uso concomitante con sales de litio puede producir hipotiroidismo; y junto con fármacos con acción antitiroidea, el yoduro de potasio puede producir un efecto
hipotiroideo aditivo.