El riesgo de que se produzcan reacciones adversas, aumenta con la duración del tratamiento o con la frecuencia de la administración.
Durante el tratamiento prolongado pueden darse: dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea, anorexia, aumento de peso, melena, hipercorticismo (Síndrome de Cushing), irregularidades menstruales (con amenorrea y dismenorrea), hiperglucemia, hipertensión, calambres, mialgias, debilidad muscular, miopatía por esteroides, hematomas no habituales, trombocitopenias.
También se han comunicado efectos adversos neurológicos durante el tratamiento prolongado con corticosteroides, incluyéndose entre los mismos, cefaleas, insomnio, vértigo, neuropatía periférica isquémica, convulsiones y cambios en el EEG. Son de incidencia menos frecuente: visión borrosa, polidipsia, disminución del crecimiento en niños y adolescentes, perturbaciones psíquicas (obnubilación, paranoia, psicosis, ilusiones, delirio), rash cutáneo. En ocasiones más raras, se han comunicado palpitaciones, taquicardia
sinusal, glositis, estomatitis, incontinencia y urgencias urinarias.